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Islandia 2.0 - Seven days in Paradise - Grundarfjordur (Kirkjufell)

7-Jun-2017

Billetes en mano, confirmación de reserva del vehículo, confirmación de alojamientos, ropa de abrigo, maletas, documentación, dinero.... Creo que no se me olvida nada. ¿Nada? ¡¡Lo más importante!! El equipo fotográfico. Como olvidar el principal motivo del viaje. Cuatro amigos, 7 días por delante y 24 horas de cada uno de esos días para tirar cientos, miles de fotos. ¡Islandia nos espera! Este fue nuestro día uno en Islandia.

 

11 de marzo de 2017

5:00 AM. Suena el despertador. Incluso me parece que suena de manera celestial. ¡Por fin! Por fin hoy vuelvo a Islandia. A las 5:20 Rodrigo pasa por mi casa a recogerme. Hemos quedado en casa de Fernando para salir desde allí al aeropuerto. Unai acude allí directamente.

Ya en el aeropuerto, últimas comprobaciones: ¿Lleváis la documentación? ¿Llevas la reserva del coche? ¿Qué te traes al final, el tele, algún fijo? Pero tío, ¿dónde vas con el 600 mm? ¡Que los puffin hasta bien entrada la primavera no regresan allí! El cambio climático, me contesta el majara.

En fin. Embarque abierto y para adentro. Nos esperan cuatro horitas de vuelo. Despegue a la hora prevista. 7:15 nuestro avión ya rueda por la pista rumbo al paralelo 66N.

 

10:25 AM (hora islandesa, una hora antes que en España). Suave aterrizaje. La verdad es que los aviones de esta compañía, supuestamente Low Cost, están muy bien. Modernos, limpios y cómodos. No se puede pedir más. Bueno, ahora a por los equipajes y a recoger el coche. ¿A qué hora lo recogemos? Pues..., mmmm... ¡Me váis a matar! Aquí en la reserva pone que... ¡¡a las doce y media!! Joder, si que puse la reserva con tiempo. Bueno, pues a esperar.

El hambre comienza a hacer mella, así que aprovechamos para tomar algo mientras nuestro vehículo aparece. Rodrigo, con su soberbia pronunsieision, hace las gestiones necesarias y el colega islandés aparece a eso de las 11:30. Papeleo. Firmas. Pago pendiente, un poquito de tetris para meter las maletas y carretera. Rumbo al norte, hacia Grundarfjordur. 220 kilómetros repartidos entre la A-1 (Ring Road), la A-54 y la A-56.

 

Primeros kilómetros hasta llegar a Reikiavik, la cual circunvalamos y dejamos atrás. El día promete. Ni una nube en el horizonte y buena temperatura. Al llegar al tunel que conecta dos penínsulas impronunciables, primera "españolada" del viaje. "Fernando, creo que hay peaje, no sé si a la entrada o a la salida", le digo. - Va, no te preocupes, que a 90 km/h lo veremos con tiempo, contesta. Bien, efectivamente estaba a la salida, justo la casetita con valla en la que debíamos haber parado. Bueno, eso que nos ahorramos. Varias paradas para estirar las piernas, ver alguna cosita y comer en "La Colina Pizzería", en Bogarnes. Un sitio realmente.... caro!!!!! jajaja. Casi 150 lereles por cuatro pizzas y cuatro bebidas. ¡Igual hubiera sido mejor haber vuelto a pagar el peaje!

Islandia se venga de nuestro desfalco poniéndonos unas cuantas nuebes en el camino. Bueno, unas cuantas no, muchas. Hasta que tantas tantas son las que hay que, la gravedad hace el resto. Se nos ocurre parar justo en el momento que comienza a caer el diluvio universal acompañado de fuertes vientos gélidos del norte. Caladitos hasta las trancas, proseguimos viaje. A los pocos kilómetros, nos acompaña hasta el final del camino un sol deslumbrante. Mis compis de viaje, comienzan a comprobar que lo que les había contado del clima es Islandia era cierto.

 

6:00 PM. Llegamos a Grundarfjordur. Unas cuantas vueltas por el pueblo, unas cuantas marcha atrás, por aquí no es... Al final, nuestro Google Maps, nos lleva a la puerta del Guesthouse and Apartaments, nuestro hotel. Check-in, maletas, pipís, algún popó y directos al Kirkjufell. La puesta de sol es aproximadamente sobre las siete y media de la tarde. Así que vamos con mucho tiempo y con calma. Está a escasos 4 kilómetros del hotel.

 

7:00 PM. Kirkjufell. Qué ganas de conocerlo. En mi primer viaje no lo visité, así que era un descubrimiento para los cuatro. Bueno, para los cuatro y para las cuatrocientas personas que había allí. Primera sorpresa. Los presagios que me habían surgido con lo que me había contado algún amigo, se confirmaban: "Vas a notar que hay mucha más gente. Sobre todo... chinos!!!!" Efectivamente. Era casi imposible meter en primera línea, cual Benidorm, el trípode. ¡Ah!, eso sí, lo colocaras donde lo colocaras, salían los autobuses que habían traído a tanto chino. Bueno, siempre está la opción "rellenar según contenido", jajaja.

Pero, como preveíamos, si había autobuses, estos no estarían allí hasta la noche. Conforme se acercaba el ocaso, un desfile incesante de personas iba y venía de los autobuses, hasta que, afortunadamente, comenzó a no haber vuelta. De repente, justo cuando mejor luz había, me doy cuenta que a mi alrededor no hay más de 10 personas esparcidas a lo largo del caminillo que hay junto a las cascadas. Bueno, quizá fueran 11. Se me había pasado el chino que había colocado tres cámaras en diferentes localizaciones y que iba de una a otra sin cesar. Estaba haciendo time-lapses.

 

Y llegamos a ese momento en que la luz ya no es tan espectacular pero que todavía no puedes hacer buenas nocturnas. Cigarrito, animada charleta y alguna fotillo de vez en cuando. De repente, al mirar la pantallita de la cámara: "coño, si parece que el cielo está verde". ¿Una aurora? Pero si todavía hay luz solar. ¿Una aurora? ¡¡Una aurora!! Salimos de nuestro letargo a la vez que se te va poniendo cara de tonto, de esa en la que no puedes quitar la sonrisa de la boca. ¡Genial, llegar y besar el santo! Hasta bien entrada la noche, nos acompañó la dama verde, las northern lights, nuestra primera aurora.

La actividad cesó poco a poco, con lo que decidimos acercarnos al hotel a cenar algo. Realmente estábamos agotados del madrugón, el viaje y la emoción de estar en Islandia y haber contemplado nuestra primera aurora del viaje.

 

11:00 PM. La cena no hizo más que confirmar que estábamos, literalmente, reventados. Así que  "dormimos, que ya hemos pillado verde y así descansamos que mañana tenemos más de 320 kilómetros, ¿ok?". Vale. "Unai, cigarrito antes de dormir", pregunto. Of course, me contesta. Y, al salir a la calle, "zasca" manchurrón verde en el cielo. Parece una... no, no parece. Lo es. Corre, llama a Fernando y a Rodrigo. Y ahí los ves a los dos en pijama, zapatillas y la cámara sobre el trípode. Pasan los minutos y la actividad no solo no cesa sino que va creciendo. Bien equipados ya para combatir el frío, nos acercamos a la orilla del mar para mejorar algo el encuadre. Ahí es cuando piensas "puñetera cena, nos teníamos que haber quedado en el Kirkj". Estuvimos alrededor de dos horitas más viendo danzar las luces verdes hasta que poco a poco, desaparecieron.

 

12 de marzo de 2017

01:00 AM. Ahora sí. Con los primeros deberes hechos, nos fuimos a descansar, que había que madrugar para pillar el amanecer, de nuevo junto a la montaña del Kirkjufell.

 

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